¿Y yo qué estaba buscando?

Llevo bastante tiempo buscándolo. No sé si lo habrás visto. ¿No te lo habrás llevado? No te puedo decir el qué, porque me temo que ni siquiera yo lo sé. Sólo sé que me ha abandonado. Está en todas partes y a la vez en ninguna. ¿No lo ves ahí, en esa mecedora de madera? ¿Y en esos libros desgastados que se amontonan sobre la repisa? ¿Tampoco? ¿No escuchas gritos al fondo del pasillo? Sí, también se escucha a gente reír. Espera, eso es… ¿el sonido de una bocina? Creo que me estoy volviendo loco. Conozco todo aquello. Sé que lo he vivido alguna vez. Sí, joder, lo recuerdo, pero, ¿dónde demonios está? Y lo más importante, ¿dónde estoy ahora?

Aunque muchas veces me pregunte por qué, no puedo evitar pensar en él. Mis tardes y mis noches huelen ahora a café rancio y cebada. En el mueble bar se van acumulando botellas de whisky vacías mientras montañas de libros invaden mi mesa, mi habitación… mi vida. Quizás sean la excusa perfecta para no pensar. Quizás es que necesite una excusa para no pensar. No lo sé. ¿Y si me sirven para encontrar lo que llevo tanto tiempo buscando? No lo sé. Tal vez me ayuden a olvidar ese funesto sendero que tantas veces he recorrido, esas flores, esa maldita cruz que siempre espera al final del camino. Ni el alcohol ni el cáñamo ardiendo la derriten. Su silueta con ellos se vuelve incluso más agresiva, más voraz, más venenosa. Sinceramente, no creo que lo encuentre. Bueno, poco importa ya.

De vez en cuando pienso en ella; lo dulce del trayecto y lo amargo del final. Creo que se llevó un pedazo de aquello que busco. Ahora poco importa. De vez en cuando pienso en ellos. También pienso en él, cómo olvidarle. Años de sabiduría y amor desinteresado que marcan una infancia y una vida. De vez en cuando también me doy el lujo de pensar en mí. Lo hago bastante menos de lo que debiera, quizás el miedo a enfrentarme con ciertos fantasmas pasados me lo impide. Quizás la amnesia de olvidar quien fui y la apatía por dibujar lo que quiero ser explique algunas cosas. Sí, de eso estoy seguro. No hay mayor maldición que saberse naúfrago y no poder evitarlo. Muy penoso ser tu propio sepultero como para encima hacerlo con una sonrisa de oreja a oreja, ¿verdad? Por lo que veo aquello que andaba buscando no ha hecho más que levantar muros entre mí y todo lo que me importa. Los destrozos son irreparables. Las zanjas que ha cavado bajo mis pies demasiado profundas como para saltarlas. Por lo visto, ha revivido sólo para convertir mi vida en cicatriz y la ilusión en desdicha. Hace miles de años le preguntó un joven discípulo a Siddhartha, también conocido como Buda, acerca de este demonio que todo lo corroe. Le contestó que se trataba de una ilusión. Cientos de años después se lo preguntaron al escritor romano Virgilio, a lo que contestó que lo único que sabía de dicho sujeto es que era breve e irreparable. Ahn Luna contestó cierta vez socarronamente que se trata de aquello que los hombres desean fervientemente matar y que siempre acaba por matarles a ellos. Ya empiezo a recordar lo que estaba buscando. Por desgracia, poco o nada puede hacerse ya para recuperarlo.

 

 

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