Trolls y Twitter

“The greatest enemy of knowledge is not ignorance, is the illusion of knowledge” Stephen Hawking

Cualquiera que conozca medianamente bien Twitter ya sabe a lo que me refiero. Algunos lo han experimentado en mayor o menor medida, y otros simplemente habrán escuchado hablar de ellos. Un fenómeno curioso el del anonimato, sobre todo cuando se utiliza para atacar verbalmente a personas que ni siquiera conoces. Las razones pueden ser bastantes, la más frecuente, no comulgar con las ideas de aquel que se manifiesta libremente en una red social en la que por suerte, mal que les pese a muchos, cada uno expresa sus pensamientos como puede y quiere. Desde pequeño me han enseñado mis padres a respetar opiniones ajenas, y desde que tengo por gusto la lectura en mis ratos libres, si algo he podido aprender, si de algo no puedo estar más seguro, es que aquel que se crea en posesión de las verdades más absolutas y se arrogue el derecho a intentar imponérselas a los demás, es lisa y llanamente un ignorante cuya enfermedad se cura abriendo aquello que por lo general suele aborrecer: un texto que supere los ciento cuarenta caracteres. Y es que un idiota no se sufre a sí mismo, sino que le sufren los demás. No creo que sea casualidad que siempre que abra ciertos hashtags, la mayor parte de política, por desgracia (qué aburridos somos los tuiteros españoles, ¿no?), siempre vea en primera plana, para mi asombro (nótese la ironía), a los mismos mamporreros con cincuenta retuits que se dedican a acosar a aquellos que no les idolatran cual siervo a su señor. Por si fuera poco, suele darse la extraña paradoja de que, aún siendo egocéntricos como ni ellos mismos jamás alcanzarán a imaginar, nunca tienen foto. Ninguno quiere mostrar su verdadera identidad. A lo mejor es que les he subestimado y ellos mismos se han percatado de su ignorancia y han preferido curarse en salud. Quién sabe. Lo que está claro es que la experiencia del resto de mortales en Twitter se vería bastante gratificada si en vez de quitarse la foto de perfil se quitaran de en medio junto con su estupidez y dejaran el móvil un ratito. A ver si conseguimos falsar a Einstein y le demostramos que lo único infinito es el universo, y no la estupidez humana. Aunque a riesgo de ser pesimista (o empirista), me temo que el célebre científico alemán va a llevar la razón por muchos, muchos años.

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