Sobre el por qué y el cómo del milagro económico de Corea del Sur

Tras la batalla que enfrentó a las dos Coreas en el marco de la Guerra Fría, la economía surcoreana quedó destrozada. Japón, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, abandonó en ella instalaciones industriales modernas, desde  textil hasta armamentística, que quedaron en gran parte destrozadas tras la Guerra Civil o en la Corea comunista, puesto que el mayor grueso de la potencia industrial se encontraba en la parte norte de la península. En 1948, tras un gobierno militar estadounidense en Corea del Sur, se dio paso a una dictadura militar, esta vez dirigida por el coreano Syngman Rhee, con el beneplácito del gobierno norteamericano. En el año 1962, el dictador Park Chung Hee lanzó el primer plan quinquenal con el fin de industrializar el país. Se valió principalmente de financiación externa (deuda), pues quería disminuir la dependencia de EEUU, que hasta ese momento le había proporcionado hasta 3500 millones de dólares en ayudas. Se empezó con una estrategia de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), la cual fomentó principalmente la elaboración de bienes intermedios, tales como el cemento, los fertilizantes, el algodón (se prohibió su importación), el azúcar… Se nacionalizó asimismo todo el sistema bancario, que se puso al servicio de un sistema intervencionista y de planificación centralizada. La ISI allanó el camino a una nueva estrategia de industrialización, conocida como Industrialización Orientada a las Exportaciones (IOE). El segundo y tercer plan quinquenal irían destinados principalmente a la industria química, pesada, siderúrgica y de construcción naval. Se tomaron medidas por parte de las autoridades para promocionar la exportación, como por ejemplo, bajos tipos de interés que ayudaran a las empresas a financiarse en tiempos de dificultades, ayudas directas a estas y exenciones fiscales a determinadas empresas exportadoras. De hecho, este es el origen de los chaebols (Hyundai, Samsung…), amplios conglomerados empresariales que recibían subvenciones directas por parte del Estado y que constituían la punta de lanza del sistema industrial surcoreano. El resultado: exportaciones altamente competitivas en el mercado internacional debido principalmente a los bajos costes de la mano de obra, que permitieron reducir a mínimos los recursos ociosos y el desempleo. Estos tres planes quinquenales acabaron con resultados sorprendentes: el número de exportaciones aumentó en un 40%, el crecimiento económico medio anual era de aproximadamente un 10% y el ingreso bruto per cápita pasó de 60$ anuales en 1960 a 220$ auales en 1970. No obstante, el considerable aumento de la masa monetaria en circulación, necesaria para financiar esta rápida industrialización, hizo crecer la inflación hasta niveles de un 11%, mientras que la deuda se encontraba en máximos históricos. Esta crisis de deuda culminaría en el rescate por parte del FMI en 1997. Hasta tres millones y medio de surcoreanos dirigieron una campaña de recaudación de oro para ayudar al gobierno nacional a liquidar sus pasivos con la institución.
En 1992 se celebraron al fin las primeras elcciones libres. El gobierno entrante aplicó una serie de políticas de ajuste con el fin de combatir la inflación y afianzar la eficiencia económica. Su objetivo principal fue el de privatizar la economía. Para ello se acometió un proceso de desregulación financiera, se privatizaron empresas y se liquidaron aquellas que no resutaban competitivas y por último, para combatir la inflación, que en esos momentos se encontraba desbocada, se subieron los tipos de interés de forma inmediata. Los resultados no fueron los esperados, en parte por la crisis financiera asiática que asoló al continente en 1997, pero sí se consiguieron algunos logros, como por ejemplo, reducir la inflación a mínimos, hacer crecer el PIB de manera sustancial (casi como antes de la crisis financiera) y crecimiento de los salarios, lo cual se vio motivado también por movimientos sociales que promovieron diversas reformas políticas y sociales de calado. Tras el mencionado rescate del FMI, se normalizó la tasa de crecimiento y se dieron pasos para afianzar la reestructuración económica. A pesar de que el principal objetivo era el de garantizar un crecimiento económico prolongado, estable y, sobre todo, sostenible, la economía surcoreana se vio afectada, al igual que la mayor parte de los países de la OCDE, por una burbuja financiera que encontró su origen en políticas monetarias expansivas y que se materializó en impago de hipotecas y en el auge del sector inmobiliario. El gobierno respondió con medidas urgentes que endurecieron de forma bastante significativa el acceso al crédito. Asimismo, se almacenaron una ingente cantidad de reservas, obtenidas principalmente gracias al superávit comercial de Corea, que posteriormente le sirvieron para afrontar la Gran Recesión en el año 2007. Para hacernos una idea, estas alcanzaron un valor de 260 mil millones de dólares, cuando una década antes este era de 21 mil millones.

En el año 2008, tras casi una década de expansión crediticia sin límites, el sistema financiero norteamericano colapasó. De poco sivieron los rescates a Citibank o la quiebra de Lehman Brothers. En cuestión de días se pudieron notar los efectos a escala global. El gobierno surcoreano reaccionó tomando medidas de corte deliberadamente keynesiano. Se trató de estimular la demanda agregada a través de fuertes recortes de impuestos (estos ya de por sí eran bastante bajos), un fuerte repunte del gasto público, para lo cual se utilizaron las reservas almacenadas hasta la fecha, y bajadas de tipos (desde un 3,5% a un 2%). Los efectos fueron cuanto menos asombrosos: en el año 2009 la economía surcoreana crecía a la mayor tasa de la OCDE (6,5%) y los salarios comenzaron a recuperar los niveles previos a la crisis, hasta que en el año 2011 ya incluso los superaban. Períodicos como The New York Times y The Washington Post se deshacieron en elogios con el país asiático y calificaron el fenómeno como “recuperación ejemplar”. Sea como fuere, la República Democrática de Corea se ha convertido en una de las mayores potencias industriales a nivel mundial y en una de los mayores referentes del capitalismo. Muchos la ponen como ejemplo de economía altamente intervencionista, al estilo chino, y otros tantos como ejemplo de economía de mercado sólida y potente. En lo que sí que están de acuerdo la mayor parte de historiadores y economistas es que los surcoreanos, a pesar de los gobiernos dictatoriales que han tenido que soportar (apoyados por neoconservadores como Ronald Reagan, el cual se esforzaba en dejarnos a todos muy claro la importancia de promover la libertad en el desarrollo de la vida humana), han conseguido levantar un país fundamentado en valores de disciplina y superación, o como lo llaman algunos, el milagro del río Han.

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