God Bless America…or not

A un día de las elecciones más insólitas de la historia de la democracia norteamericana, los dos candidatos más impopulares jamás vistos lanzan sus últimos ataques a la desesperada para conquistar la Casa Blanca. La ex primera dama recurre a celebrities con el fin de mejorar su ya muy marchita imagen mientras que Trump hace gala de un populismo excepcional, casi tan depurado como el de Le Pen o Farage al otro lado del Atlántico. Se presenta como un claro desafío al establishment, una opción bastante seductora para aquellos que ya desconfían de la retórica de los Clinton y de su benefactor, el todavía presidente Barack Obama. Nadie tiene la menor idea de lo que se esconde en la caja de Pandora. ¿Quién es Trump? A parte de sus comentarios misóginos y salidos de tono (y por supuesto, el famoso muro) poco se conoce de qué es lo que haría en caso de llegar al despacho oval. De sus declaraciones se desprenden, no obstante, algunas líneas generales sobre cuál podría ser su actuación de gobierno.

El magnate apuesta por una drástica reducción de impuestos que, por lo que sabemos, no va a venir acompañada de una reducción de gasto público. Esto añadiría a la ya astronómica deuda federal unos cuantos billones más.

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La drástica escalada de deuda iniciada con la llegada al poder del conservador Ronald Reagan pudo tener excusa en su día (cosa, por supuesto, discutible). La famosa “doctrina Reagan”, la “guerra de las galaxias” y la feroz carrera armamentística contra la URSS, la cual acabaría colapsando principalmente por no poder seguirle el ritmo a los americanos, casi duplicaron los pasivos del gobierno federal. Pero una vez abandonada esta época de “keynesianismo militar”, ¿tiene esto algún tipo de justificación? Depende. Si bien es cierto que la mayor parte de países están teniendo serios problemas a la hora de liquidar su deuda externa, este no es el caso de EEUU. De hecho, si analizamos su balanza de pagos pronto nos daremos cuenta de que, sorprendentemente, registra año tras año un fuerte superávit en su balanza de rentas, lo cual no tiene mucho sentido teniendo en cuenta que esta recoge principalmente los intereses de la deuda que han contraído los residentes del país en cuestión con no residentes (no discrimina entre deuda pública o privada). Esto solo tiene una explicación, y es que la economía norteamericana toma financiación del resto del mundo y la remunera a un tipo de interés menor que la que obtiene utilizando esa misma financiación para poder invertir en el extranjero. Esto nos deja ante una pregunta bastante curiosa e intrigante: ¿puede EEUU endeudarse indefinidamente? Quizás esto explicara la rocambolesca apuesta de economistas keynesianos como Paul Krugman de emitir títulos de deuda a lo loco para así financiar un crecimiento que hasta ahora ha sido bastante tímido y exiguo.

Pero lo cierto es que, lo que en otras elecciones sería un asunto crucial a debatir, el modelo económico por el que apuesta la primera economía mundial, en estas ha pasado desapercibido, y con razón. Ciertos autodenominados “liberales”, que creen que la economía se resume en subir impuestos malos y bajarlos bueno, apuestan sin pudor por el candidato republicano. Que este señor suponga una amenaza más seria a la globalización que la que hayan podido presentar anticapitalistas, ecologistas y demás grupos proteccionistas frustrados por la caída del muro de la vergüenza hace ya casi tres décadas a lo largo de todo este tiempo poco les importa. Que su intención sea la de abrir una fábrica de papel higiénico con los tratados comerciales firmados hasta ahora, y paralizar otros tantos que están por firmar, y que buena parte de la izquierda americana, aunque no lo diga, apueste por Trump para asestarle al sistema liberal un golpe mortal del que difícilmente podrá recuperarse, no importa. Lo único que importa es el “tamaño del Estado”, cuando Dinamarca, por poner un ejemplo muy socorrido por estos, tiene una de las más altas tasas de gasto público con relación al PIB de Europa, eso sí, con un grado de libertad económica y garantías del derecho de propiedad que, al menos en España, estamos a años luz de imaginarlos. La amenaza es Trump. Hillary Clinton es un mal menor. Mañana más que nunca los americanos tienen que decir no al totalitarismo y al proyecto de gobierno más liberticida que ha conocido EEUU hasta la fecha. El simple hecho de insinuar cerrar las fronteras a inmigrantes por una cuestión de raza o nacionalidad, bien sean musulmanes o méxicanos, debe estar penado por una sociedad que durante dos siglos se ha presentado como baluarte de la libertad y de los derechos civiles. Trump representa un serio peligro no sólo para EEUU, sino para el mundo occidental, y no digamos Oriente Medio o Rusia. En un momento en que Gorvachov ha decidido volver a reunirse con George H.W. Bush (padre) ante una escalada de violencia sin límites que está realimentando las brasas de la Guerra Fría, no necesitamos un proyecto demagogo, populista y cuasi fascista. El mundo está pendiente de los americanos. El futuro de la globalización está en sus manos. Ellos deciden si caer en movimientos nacionalistas y proteccionistas cuyo único resultado históricamente ha sido la guerra y la penuria. Un gobierno del Frente Nacional en Francia, por poner un ejemplo, sería un lastre, pero un lastre posiblemente recuperable. Dudo seriamente que la llegada de Trump a la Casa Blanca fuera algo menos que una catástrofe. Americans, vote for Hillary!

Hoy más que nunca, God Bless America!

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