Nada es gratis

¿Qué queremos? // Educación pública de calidad // ¿Quién la paga? // Nada, eso es público

Milton Friedmann, máximo referente de la Escuela de Chicago de economía, fue acusado cierto día de cobrar las tasas más altas de la historia de Universidad de Islandia por sus conferencias, mientras que otras muchas se ofertaban “gratis”, intentando retratarlo como un avaro e inmoral por “poner trabas a la cultura”. La réplica del Chicago Boy pasó a la historia, no solamente por la cara que se le quedó a su interlocutor al escucharla, sino porque desmontó un mito ampliamente extendido en la sociedad. Este argumentó principalmente que todas aquellas conferencias a las que se las etiquetaba como gratuitas en realidad no eran tales, sino que estaban subsidiadas por todos aquellos que no fueron. Todo cuesta dinero, por lo que para que una minoría de privilegiados pudiera disfrutar de ellas aquellos que no tuvieron la oportunidad de ir subsidiaron forzosamente a los primeros, por ejemplo, vía impuestos. Es decir, pagaron por un servicio al que no tuvieron acceso, o mejor dicho, fueron obligados a pagar por un servicio al que no tuvieron acceso. Es ciertamente paradógico que actualmente mucha gente siga pensando que los servicios públicos de sanidad y educación son en modo alguno gratuitos. Por poner un ejemplo, en al año 2015, los navarros pagaron un total de 5921 euros de media por persona, de los cuales 1455 fueron destinados a pagar la sanidad y 895 el modelo educativo autonómico. No estamos hablando del chocolate del loro. Un trabajador que perciba un sueldo bruto anual de 12000 euros está viendo cómo la mitad del fruto de su trabajo escapa de su bolsillo para costear servicios que probablemente no usará o que puede incluso que ni desee, pues la acumulación y el exceso de demanda causa de los precios techo y el desconocimiento de lo que verdaderamente cuesta el servicio puede reducir de forma considerable la calidad del mismo. Y todo esto si tenemos en cuenta que debido a la mala asignación de recursos que se da siempre por parte de comités y planificadores centrales y que los servicios estatales están prácticamente en régimen de monopolio los precios tenderán a ser mucho más altos que lo que serían en un mercado libre fundamentado en la competencia e innovación.

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