EL CUENTO DE LAS DOS ESPAÑAS

“Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios,
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón”

Antonio Machado

Era un día gélido de invierno. Banderas comunistas y republicanas ondeaban al grito unísono de “abajo la derecha, abajo los fachas”. Era un día gélido de invierno. Banderas con el águila de San Juan y banderas falangistas ondeaban al grito unísono de “abajo rojos, abajo comunistas”. Era un día gélido de invierno. Una mujer sollozaba con su hijo en brazos, tumbada bajo tres mantas a la interperie, y una señora con collares de perlas y joyas varias se regocijaba de su suerte. Ambas se miraron. Ambas sintieron profundo asco por lo que veían. Ambas agacharon la cabeza por vergüenza a mirarse a los ojos. Era un día gélido de invierno y las heridas abiertas después de muchos años de historia, lejos de cerrarse, exclamaban “asquerosos fachas, asquerosos rojos”.

Un retrato grotesco y falto de apreciaciones de lo que ha sido la historia reciente española. Cierto. Grotesco, pero innegable. Lejos de tendernos la mano, los españoles siempre hemos sido propensos a levantar murallas entre nosotros. Nuestras mentes son fortalezas inexpugnables en las que solo se escucha al bufón de la corte cantando breves rimas infantiles, único y más valioso patrimonio cultural de todo lo que allí habita. Lejos de trabajar juntos, preferimos hacer la guerra contra los que no piensan como nosotros, en lugar de sentarnos y confrontar posturas. Lejos de mirarnos a los ojos y valorar aquello que tenemos enfrente, menospreciamos todo lo que vemos y tocamos en un alarde de superioridad ingenua e infantil fruto de nuestra inconmesurada ignorancia. Somos españoles. Mientras que unos pocos trabajan por encontrar soluciones, otros se esfuerzan en poner palos en las ruedas a todo trabajo que no sea suyo y que por envidia y mediocridad no son capaces de reconocer como bueno. Somos españoles. Cuando uno se esfuerza, el otro se lucra de su trabajo y trata de hundirlo en la más absoluta miseria. No basta con adscribirse un mérito que no es el tuyo. Pisar al adversario es fundamental. Somos españoles.

País de luchadores, país de valientes, país de mártires. Cuna de intelectuales, cuna de escritores, cuna de poetas. Por todos aquellos que lucharon por la libertad durante y después de la Guerra Civil, por todos aquellos que arrimaron el hombro y construyeron nuestro país como hermanos tras la dictadura y por todos aquellos cuya sangre se ha vertido injustamente desde los estertores de nuestra milenaria y prolija historia. Levántate, España. Levantaos, españoles. Que el orgullo hinche vuestros pechos y os haga recomponer, piedra a piedra, los siglos de sacrificio y esfuerzo que habéis despreciado. Pero por favor, por una vez, hacedlo mirandoos a los ojos, como compatriotas y como hermanos.

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